lunes, 7 de marzo de 2022

Inundación

Rodrigo Peñalba Franco

Todavía sigo nublado. Sentado en el techo de mi casa de dos pisos espero que bajen las aguas. Enfrente mío un nuevo océano se ha formado uniendo al Xolotlán con el Cocibolca, llevando en sus aguas a flotar todas las nuevas zonas residenciales, los asentamientos, entre escombros, chatarra, y papel mojado. Los cadáveres vienen flotando sobre el lodo. Arriba, en el cielo, vampiros diurnos, los zopilotes, vueltas alrededor de sí mismos.
 
La radio de baterías que tengo a mi lado reporta largos infartos de estática y señal inaudible. Al parecer no ha quedado ni una sola radioemisora en pie, aunque desde aquí puedo ver todas sus antenas sobresalir de las aguas como espigas de plantas subacuáticas, franjas rojas y blancas. Recordé que siempre me gustó el sonido del mar, pero no el de las olas. Aquí había ese sonido, el del mar.
 
Las láminas de zinc en que me apoyo, ahora me doy cuenta, tienen un penetrante olor a sarro. Con los huesos húmedos hasta la médula, espero un rayo de luz que abra paso entre el cielo encapotado de gris y ayude secarme el cuerpo. Pero eso no pasa y el olor del sarro penetra en mí ahora que soy esponja absorbiendo aromas.
 
La línea del horizonte está pérdida. A lo lejos las aguas se convierten reflejo del cielo, y las nubes que siguen los vientos anuncian más torrenciales. Ciento ochenta grados de curvatura sobre mi cabeza. De horizonte a horizonte. Todo el universo asentado bajo la simple y grande nube gris que lo cubre el caos todo.
 
En el cénit un agujero se abre entre las nubes y da espacio a un rayo de luz. El calor concentrado de toda la fuerza del sol baja por ese hilo de fotones enfocado hacia mi soberano pedazo de techo. Tendido a mis anchas, dejo que el vapor me abandone y suba como aire caliente, asándome en el zinc caliente de un mediodía eterno. La columna de aire que asciende permite apreciar el centro de la luz, en medio de las nubes, rodeado de ángeles, espectros que en círculos hacen cantos marianos. El sonido del zinc caliente, se me olvida cuál es ese sonido, lo he perdido entre los cantos angelicales. La brisa del océano es la gente que pide ayuda flotando desde las aguas. Ángeles sentados conmigo curándome las heridas. Los zopilotes.
 
Una visión bajó del cielo, con cuatro brazos que agitados a gran velocidad se mantenía suspendida como si colgara de un gran lazo. Cuerpo voluminoso y hueco, y en su interior seres con cráneos de acero y cruces rojas en el pecho que colgaban como crías de marsupial con los cordones umbilicales todavía fijos a su madre. El cuerpo hueco tenía una cola giratoria para balancearse en el aire, y con el movimiento de los brazos llamaba grandes vientos y sonidos de golpes secos repetidos cientos de veces por segundo. Los seres bajaron de su medio e intentaron cargarme. Su lenguaje era incomprensible, sus pies de hule y caucho, el cuerpo cubierto de telas blancas manchadas de lodo. Con sus brazos persiguieron a los ángeles y les doblaron los cuellos como si fueran gallinas. Abandonado me dejé llevar dentro del ser voluminoso, elevándome por los aires, con el océano que enterró a Managua abajo, océano uniforme, perfecto, lodoso, cubierto de nubes, fondo tapizado de cadáveres atrapados en sus casas. El infierno, la perfección. Infierno. Pasteles. Y cielos de cielos, infiernos de infiernos, pasteles de toda suerte. Sube helicóptero, sube.

Libro de cuentos Holanda /1ª. Edición/Managua 2006

En el retén

Rodrigo Peñalba Franco

Medianoche. Ya vamos a cenar, pensó el guardia. Con la escopeta, de pie en medio de la carretera apuntó directamente al bus que de frente venía. Pasamontañas, camuflaje, cinto de balas, botas de asfalto, rostros de metal. Su compañero se adelantó a inspeccionar el vehículo. Otro encañonó al chofer desde la ventana.
 
“Saldremos bien de ésta, es la rutina”, pensó el chofer. Nublado, cuarto menguante. “Sus documentos”, pronunció la voz del guardia desde la ventana. Entre los pasajeros no había sorpresa, “controles de desgane” decían entre ellos. (El Señor llegará como ladrón, en medio de la noche y sin avisar). El ayudante abrió la puerta y salió a estirarse un poco, a pretender calma, quizás sueño, relajarse un poco. El segundo guardia venía rodeando el bus por la parte de atrás y al ver al ayudante fuera le ordenó abrir el compartimiento de las valijas. “¿Para que salió?, siempre le digo que no ande abriendo la puerta cuando nos paren en los retenes”, pensó el chofer. “Tome oficial, todos los documentos en orden” le dijo al primer guardia. “Casado y tres hijos”. Parecía persona segura. “Rápido, saque esos bultos”. El ayudante sacó tres valijas. Con el cuchillo que esconde en la bota abrió el último bulto de un tajo. El guardia iluminó con su foco: ropa, bolsas de granos, un álbum de fotos, nadie conocido o buscado en las mismas. “Está bien todo aquí” dijo el guardia. “Espera, entraré al bus” le dijo el otro. El chofer encendió las luces de adentro. Con el fusil por delante se fue abriendo paso el soldado despertando al que no le diera la cara o le escondiera la mirada. El ayudante dejó pasar al militar mientras de reojo contaba cuantos guardias había en la garita. “Dos afuera, dos con nosotros, uno delante del bus apuntando al conductor... ¿Quién sabe cuántos más en el cuarto a oscuras?. Estos no tienen ojos, sino agujeros.” Sólo un poste de luz alumbraba un costado de la caseta militar. En lo que volteó hacía el interior del bus el militar que venía bajando apartó al ayudante con una descarga en el rostro del mismo (todos los pasajeros despiertan). Éste cayó con la mitad del cuerpo colgando de la escalinata de la puerta. El soldado lo terminó de botar fuera del vehículo con sus botas. “Todo en orden, pueden seguir”, gritó el otro oficial.
 
La cena está servida. El soldado que apuntaba al chofer se apartó y dejó continuar al expreso. El chofer no pidió explicaciones y uno de los pasajeros voluntariamente tomó las funciones del ayudante. Las valijas extraídas ya no eran de importancia. Los guardias de la garita se acercaron a los tres primeros, y destapándose las cabezas mostraron sus mandíbulas de metal y empezaron a desmembrar al cadáver con los mismos dientes.
 
Libro de cuentos Holanda /1ª. Edición/Managua 2006

Él

Rodrigo Peñalba Franco

I like you. /1 like you. You are a wonderfulperson. I'm full of enthusiasm. I'm goingplaces. I'11 be happy to helpyou. /Iam an important person. Would you like to go come home with me?
(Mensaje oculto dentro del empaque comercial de Ok Computer, Radio head, 1997)
 
Dientes blancos y labios simétricos ligeramente más rosados que su tono de piel. Ojos de contacto, del color que combine con la corbata. Peinado ejecutivo, siempre exacto y fresco, línea de corte definida milimétricamente. Él, él tiene un contrato con tu nombre escrito al pie, sólo esperando tu rúbrica. Saco negro, cortado a la medida, con la banderita de la compañía en un broche pinchado en la solapa. Camisa color uniforme. Zapatos cerrados, mocasines planos y perfectos como ataúdes caros. Los pliegues de pantalón alineados paralelos a la vertical de su columna vertebral. En las manos los anillos de universidad y matrimonio. Reloj exacto y elegante. No necesita saber la hora, él comanda el tiempo. No necesita efectivo ni tarjetas de crédito. Los cheques llegan sellados y certificados. No conoce de letra manuscrita, sólo órdenes. Los recursos humanos son herramientas, y él el ingeniero. Su palabra es garantía comercial. Tu apellido no le importa. Él es perfecto y sin límites. Él no negocia. Aceptar o desaparecer es su praxis con terceros. Él quiere hablar hoy contigo. Él es sumamente importante. Él escoge el lugar de reunión, y como agradecimiento a su tiempo, has de pagar la cuenta, un detalle comparado a lo que él desea firmes. Él desea salvarte, tomar tu alma y llevarla a un mejor lugar. Los bienes materiales, efímeros, están dentro del documento. Lo que quieras, lo tendrás. Lo único que tienes que hacer es firmar. Si ya eres ateo, no has de tener problemas por darle valor legal a un título valor equivalente al monto económico que representa tu sustancia a esta persona. Si eres religioso, piensa que él viene a ser una especia de asesor de Dios, un encargado de aligerar la carga de tu vida para que llegues directo a la tierra prometida. No temas. Firma. La vida, la vida que es la vida, tan corta y lista para servir en única porción, no te dará más chances como éste. Él quiere hablar contigo. Él no tolera evasivas. Si fallas te buscará. Tu número de teléfono o tu cuenta bancaria. Lo que hacen tus amigos, los sellos de aduana en tu pasaporte, historia crediticia, bienes inmuebles. Él lo sabe todo. Sabe que estás leyendo sobre él, que buscas informarte, pero no le hallarás de ese modo. Recibirás una llamada. No lo pienses dos veces. ¿No te parece justo este trato? Contesta y acepta su llamado. Ven, firma con él. El futuro es incierto, y él trae luz, esperanza, certeza. Anda, firma, y sé feliz. (Si fallas te buscará.)
 
Libro de cuentos Holanda /1ª. Edición/Managua 2006

El lagarto

Rodrigo Peñalba Franco

En mi primer día de clases, encontré un lagarto acostado en la entrada de la universidad. Un gran lagarto verde, alto como portón, estaba recostado a sus anchas y su blanco abdomen brillaba al sol. Estaba dormido, o muerto, ya que no parecía respirar, pero apretaba fuertemente los ojos, como si no quisiera abrirlos. Muchos, simplemente lo bordearon, pero muchos más siguieron caminando hacia sus aulas, pasando sobre su tórax como si fuera una grada más, una grada de cuatro metros de alto.

Grande y verde, su piel parecía cientos de conchas de tortuga fundidas en una sola coraza o armadura, puesta sobre una pijama blanca que hacía las veces de piel en su abdomen, vientre y cuello.

Los días pasaban y el lagarto se mantenía estático, como estatua. Con ciertos colores del sol al amanecer, su coraza verde de caparazones tomaba colores en tonos bronce, y el efecto de ser artificial se completaba.

En Semana Santa, el lagarto intentó moverse por primera vez y asustó de nuevo a los estudiantes, quienes ya lo usaban como banca de enamorados para ver el atardecer. Se quitó de encima las hojas secas y descubrió los escondites de un montón de ciempiés, alacranes y hormigas. Más de algún evangélico o fanático religioso había usado al lagarto como tarima, usando la cola como escalera. Pero lo raro es que los guardias de la universidad no habían sacado del recinto a ningún predicador por invasión de la propiedad privada.

Al lagarto se subieron a predicar (aparte de los evangélicos) dirigentes estudiantiles, aspirantes electorales, vendedores de agua helada y algún que otro curioso. Su único movimiento fue estirar las extremidades y azotar un par de veces la cola.

Al regreso de Semana Santa pude notar cómo, por el peso del mismo lagarto, el suelo se había hundido, casi como una trinchera, solo que más ancha, como de tres o cuatro metros. Ya las parejas no se sentaban a ver el atardecer, sino que se escondían en la frontera misma, a la sombra del costado.
Las lluvias de mayo no llegaron hasta junio. A pesar de las lluvias el lagarto no se ahogó en su sueño, porque la poca agua acumulada se desahogaba por el lado de la cola, por donde era más bajo. Qué bueno que no se ahogó el lagarto. Pero aparecieron algas y le cubrieron entero, como si estuviera tapizado. Semejaba una colinita, toda llenita de helechos, musgos y hierbas. De cuando en cuando, se empozaba el agua tapando la cabeza, y se miraba vibrar el agua como si hubieran sardinitas chapoteando.

Llegó el tiempo de exámenes. También se anunció que venía una tormenta tropical. La trinchera del lagarto se había transformado ya en un cauce, y de vez en cuando alguien pasaba buscando alguna botella que vender o metal para fundir y sacar algunos córdobas. Desde residenciales vecinas y los mismos estudiantes de la Universidad, vaciaban sus restos mortales y materiales.

Cuando las primeras lluvias de la tormenta llegaron, me asomé por el cauce para ver cómo estaba el lagarto. El gato que merodeaba en la universidad estaba durmiendo en su cuello. El lagarto parecía respirar, lo cual comprobé al bajar al cauce que ya parecía quebrada, y oí bien de cerquita su respiración. Sonaba como impresora matricial.

La quebrada se inundó con la tormenta. Todo se veía cubierto de lodo y aguas residuales; pero estas aguas no fluyeron, sino que se acumularon y se formó una lagunita dentro de la Universidad. Nadie vio salir al lagarto de la laguna. Aparecieron tilapias, garzas y sapos, muchos sapos. La laguna creció, y con ella un bosque a su alrededor, todo al ritmo de la respiración matricial del lagarto, la cual se oía si uno metía la cabeza al agua. El bosque se volvió frondoso y de colores verdes fogosos y policromos, lleno de chocoyos, grillos y chicharras.

En el fondo de la laguna el lagarto nadaba con su armadura puesta como si fuera anguila, más bien como tiburón. Luego me enteré que el gato que dormía en su cuello ahora vivía dentro del mismo lagarto. Un ronroneo se oía mezclado con los sonidos matriciales del reptil.

El bosque empezó a cubrir toda la universidad, luego varios repartos y barrios. La gente se iba a otras casas de alquiler en Managua o de regreso a los departamentos, de donde eran originalmente. Las casas abandonadas fueron tragadas por el nuevo bosque matricial, y en las ruinas se escondían ahuizotes y demás familiares de los fuegos fatuos.

Una mañana se oía más fuerte la respiración matricial. Unas huellas sonaban en todo el bosque, y los caparazones de su armadura daban al sonido de fotocopiadora al rasparse entre sí. Era el lagarto que había salido de la laguna y se subió al volcán de Masaya. Ya era noviembre, la Universidad había cerrado el año lectivo hacía tres meses por falta de condiciones, ya sabes, por el lagarto. De nuevo estaba durmiendo, pero levemente, ya que me oyó cuando llegué.

Parecía llamarme, no con un gesto, sólo sabía que quería hablar conmigo. No oía más que el sonido matricial de siempre. Recostado sobre su costado, tenía los ojos bien abiertos y murmuraba palabras, de las que pude entenderle algunas nada más. El gato ya había salido del estómago del lagarto y ahora dormía en la punta de la Cruz de Bobadilla. Creo que me dijo más cosas, pero me pasé más tiempo pensando en el paisaje de un lagarto con armadura de conchas de tortuga fundidas a la orilla de un cráter humeante del Masaya. Los ojos del lagarto eran color café. Al gato no le importaban los pájaros que viven en el cráter.

Empezó a salir vapor de agua del volcán y todo se cubrió de niebla. El lagarto empezó a arrastrarse lentamente con su coraza hacia el cráter. No se tiró al cráter, simplemente se fue en la primera ruta que pasó. Qué frío está el viento. Sah a la Panamericana y me vine de vuelta a Managua en bus. El gato se quedó en la cruz.

Libro de cuentos Holanda /1ª. Edición/Managua 2006

El mercenario

 Rodrigo Peñalba Franco

I
El bosque de metal o enredadera de concreto nace en los rieles de la estación de metro. Veinte millones de personas se ignoran entre sí y apenas se conocen, cada uno conectado a un SONY Walkman que lo acompaña. Los rascacielos tapizados de neón, colmenas antisísmicas de cristal, compiten unos contra otros. Al nivel del suelo ya no sale el sol, sino el neón.

Un jardín de piedras está siendo cultivado en la cima de una torre. El ritmo de las turbinas de los aviones acelerando y desacelerando en sus rutinas de despegue y aterrizaje sobre la bahía (el clima dispone una concha acústica de cielo nublado). Los granos de arenas alineados en flujos dibujan recuerdos de barrios de pescadores a las orillas del Sumida, cerca de la bahía, doscientos años atrás, en Edo. La vieja ciudad se fue haciendo pequeña, muy pequeña, incendiada en mil novecientos veinte tres, luego bombardeada, mil novecientos cuarenta y cinco. Hoy la antigua rivera es subsuelo, parqueo subterráneo. Son doscientos años de vida, y todavía no se acostumbra esta mano a la realidad. La vida es eterna, pues nunca se deja de vivir. Y por qué se vive eternamente, le sufrimos eternamente, pues jamás nos comprendemos. No se comprenden los recuerdos lavados por años, los actos que hicieron rodar las cabezas y quemar las villas, ni se entiende que la misma mano que blandió el metal apaciente a las piedras. En las aguas intentó lavar la mancha; ilusión. Las vidas de tantos, años acumulados de experiencias que no sucedieron, le fueron dadas a esta mano, para uso propio. Y no puede morir, jamás, mientras no viva tantos años como los que detuvo a otros de vivir. Engañado por su vanidad se ofreció como mercenario en las batallas de la restauración, cavando con su propia paga el castigo que carga. Ya son dos centurias, y no se acostumbra. Los días no significan nada, son gotas en el tiempo que le queda por delante. Los años no le son referencia. Los años no le dicen, excepto, el año que mató a su padre. Todo lo demás es sucesión de sombras en el recuerdo. En ocasiones estas sombras regresan y caminan sobre la arena. Las huellas delatan el acto. Cuando duerme su cabeza sueña, recuerda, con las vidas de los muertos. Recuerda otras infancias y otras tragedias. Conoce los fantasmas que le habitan. Sabe que no es inmortal, que ha de morir, y que morirá en el anochecer del primer día de su año mil doscientos cuarenta y cuatro, a la misma hora en que su mano penetró carne con muerte por primera vez.

En él habitan las memorias de un comerciante portugués, de cuando éste jugaba en Lisboa y perseguía a su primera novia por el puerto saltando de muelle en muelle y de las cantinas contiguas a la aduana; de las noches que pasó en Bahía, Brasil, y los negocios con la venta de esclavos. Revive la llegada al país y del día que el portugués le conoció en su oficina en el puerto, frente a la bahía de Edo. Partía ese día el portugués hacia Macao, y cuando abandonaba el lugar un sonido seco entró en su cuello haciendo girar la cabeza por el suelo. Tiene la memoria de una mujer que vio el asesinato del lusitano, de cuando ésta fue madre por primera vez, y con el recuerdo también heredó el cariño por el infante que fue dejado huérfano. De los ojos de ella guarda la imagen de su hijo llamándole con insistencia para despertarle en vano. El comerciante portugués traía armas para un señor feudal, asunto que no les pareció a otros terratenientes de la zona. De la mujer se sabe que era sirviente del lusitano y testigo del asesinato, muriendo al día siguiente.

Tiene la memoria de un ronin, hombre sin amo pero gobernado por el código de moral. Los recuerdos de los días de juventud, cuando fue entrenado por un viejo maestro en las montañas, de la noche que le asistió en el suicidio ritual, del respeto que le tenía. De cuando ya no fue necesaria más para servir y fue dejado sin amo, y de la vergüenza de rodar por el mundo sin un hombre a quien servir, de la fatiga, y de la noche que le encontró y escuchó el mismo sonido seco entrando en su humanidad. No dio batalla suficiente el abandonado, ahora el abatido. El enfrentamiento sucedió un bosque de cerezos en flor, el silencio, y la mancha de sangre en el suelo reflejando nada. Por ésta víctima pagó un rival de su antiguo amo, quien deseaba saldar cuentas.

Presente está en sus sueños el miedo y angustia que inspiraba en sus víctimas, pues en ocasiones puede verse a sí mismo actuar como máquina de muerte que rompe en los sueños de otros mientras duermen y reciben un solo corte que finiquita la cuestión. Se da cuenta de las personas que no entienden que han muerto, sino minutos después que lo han hecho, de la sensación de miedo y frío que les roba el cuerpo y separa el alma. Estos que le recuerdan así, eran inocentes que estaban en lugar errado en hora fatal. Kenichi Gaki el mercenario entraba a robar casas o realizar trabajos personales, persiguiendo sin clemencia a la víctima, muchas veces muriendo esta ahogada en su propio pánico antes que en la espada. En estos casos robaba para su propia sobrevivencia, no por encargo.

En los recuerdos de su padre se encuentra a sí mismo como ser extraño. Su padre murió por la espalda, así que no tiene la imagen de sí mismo asestando. Mientras cenaba tomaba un vaso en su mano. Lo llevaba hacia su boca cuando el metal llegó y heló la carne. El brazo rígido se agitó dejando caer el vaso y se apoyó con la palma sobre el suelo, sudando al ánima que parte y abandona al cuerpo como lastre, saco de carne sin brillo en la mirada. El punto de apoyo cedió y la masa orgánica no se movió más. Por la sangre de su padre aceptó el pago de parte de un antiguo amigo del mismo, motivado por un amor no correspondido en juventud, el señor Oni.

El padre de Kenichi fue la primera de las almas tomadas. El señor Oni, en su juventud, se interesó en el padre de Kenichi, pero éste no le correspondía, por lo que le aplicó un encanto invocador de los asuras del naraka, el averno, espíritus de malicia. Varias tardes compartieron juntos en los baños termales en donde el padre de Kenichi llegaba a descansar. El encanto sobre el padre de Kenichi le provocaba entrega inmediata a los calores del bello joven Oni, pero éste encontró un día la verdad sobre Oni por lo que le recibió por última vez en las aguas termales, ya libre del encanto, y le arrancó los labios con los dientes, deformándole el rostro al bello Oni. El señor Oni cubre ahora su rostro con un velo que oculta la mandíbula amputada de labios, dientes expuestos que dibujan el hueco que tiene como boca. Su conciencia hecha rostro.

El señor Oni no olvida. Años después, cuando conoció a Kenichi, aplicó otra magia sobre el mismo para que se deshiciera de su padre. Con una espada dada por Oni, Kenichi fue convencido por encanto de liquidar a su padre, creyendo que éste le quería matar antes. Cuando le atacó por la espalda en la noche, despertó del domino y se dio cuenta del error, por lo que regresó al señor Oni y tomó su vida por igual, pero Oni dejó en su lugar el conjuro que le condenaría a Kenichi a vivir tantos años y recuerdos en igual suma a los que tome de sus víctimas. Los sueños que se tornan pesadilla en la mente de Kenichi son especialmente los que toma de la memoria del señor Oni, de las múltiples maldiciones que ha ejecutado, de las almas que ha envenado, de los sonidos del agua en las fuentes cuando estaba con su padre perdidos en ardores de carne, leche y agua termal sobre la piel de Oni.

De ahí en adelante abandonó su camino y siguió en la vida por tierra hostil y seca, aceptando cuanta moneda hubiera por la vida de cualquiera. Era el modo de vida propio del tiempo, pues quien no mata muere, pero quien mata muere por dentro. Kenichi muere cada día, agonía prolongada, el inmortal apelando un fin que huye cada vez que desenvaina.

El último de quien sacó los años y memoria fue un soldado de ocupación nacido en New York, llegado con la dimisión del emperador. Con sus años de vida tomó los recuerdos de la bahía de Manhattan, del ferry a la sombra de Liberty Statue, de las noticias expuestas una vez por semana en el cinema a donde iba acompañado por sus padres, del miedo que tenía de entrar sólo en los barrios de afroamericanos, de los anhelos y fiesta de despedida cuando fue enviado al frente en Oceanía, de la primera vez que hirió con arma de fuego, del honor de liberar al mundo civilizado de las infames fuerzas del mal que formaban la triple alianza, y de la angustia de dos brazos cerrándose como candado en su cuello asfixiándole hasta la extinción. Kenichi tomó esta vida por instinto, reacción natural de encontrar a alguien sólo en un callejón de lo que antes fue Edo, escenario recurrente.

II
En el jardín las pisadas dibujan fonemas sobre la arena. Entre las reminiscencias propias como los de los espectros que le habitan Kenichi Gaki el mercenario divaga por odios y ternuras ajenas, confundido en los caminos de muchas infancias que le forman ahora. Todas las vidas que resume en su existencia fueron tomadas por sed, pero el dinero no compensa la pena de continuar su vida. Morir le parecería una bendición, pero la muerte no le es extraña, la tiene tan presente en su perpetuación que no sabe si ya está muerto y que sólo continúa un estado de suspensión, el trámite de purgar su existencia de faltas. No sabe si desear la muerte es correcto, pues puede ser que ya lo esté y que lo ignore. No le toca juzgar tal asunto.

Es 1986. Los sueldos por sus trabajos le han convertido en un jubilado que vive de los intereses. La vida social de la época es armoniosa, similar a la de un hormiguero. En su jardín sobre la cima de un rascacielos se añeja cumpliendo la pena, escuchando a los pasados, limpiando las huellas en la arena, alejado de las preocupaciones del mundo, de la confusión de urbanismo que se desarrolla por perfección de la técnica. Gaki Kenichi se convirtió en Gaki Sennin, mitad ánima del infierno, mitad gran hombre de la montaña de concreto. Ahora es un hombre paciente, y debe serlo para poder escuchar a todos los pasados que viven en él. Pasados que rondarán hasta la noche del primer día del año mil doscientos cuarenta y cuatro. Es Sennin, pero no descansa. No puede.

En ocasiones escucha a su padre. No le es fácil recibirlo. Se maldice por las maldiciones, y maldice a su padre. Desearía enterrar su espada como pala por en medio del pecho de esa ánima, extraer el corazón y triturarlo hasta dejarlo como carne molida, alimento de cerdos. Pero no puede. Y sin embargo, recibe a su padre, mil doscientos cuarenta y cuatro años lo hará.

III
De día extraña al bosque. De niño corría río arriba hasta las colinas a cazar cigarras y luciérnagas. Él sabía encontrar sus nidos por la tarde, logrando quedarse con ellas hasta la noche, cuando regresaban a sus casas y las soltaban dentro de un cuarto, quizás sesenta, otras veces cien, otras veces más, pero nunca trescientas cigarras y luciérnagas.

En ocasiones no volvía a la casa, dormía en el bosque, en una pequeña gruta, tras un campo de castañas. Se quedaba viendo una fuente termal fluir por horas, bajo la luz de la luna. Con un palito jugaba haciendo figuras, borrándolas luego con un pie. Tras él, un poco más adentro de la gruta, pasantes se escondían a esperar el día en refugio seguro. A él le ignoraban en su lugar, ido entre las líneas que dibujaba. Ke Ni Chi. Dibujaba su nombre, y lo borraba. Ke Ni Chi es borrado.

Una noche fue interrumpido en su trance. Un grito vino del fondo, dejando salir una figura negra que corría como sombra perseguida por el sol al atardecer, larga en sus pasos. Detrás salió tambaleante una figura desnuda de rostro herido. Le faltaban los labios, dientes blancos manchados en rojo reflejando la luna como las fauces de un león escupiendo magma. Era un color rojo tan fuerte que parecía brillar por sí mismo, como volcán ardiendo de noche.

Era él, viendo a Kenichi esconderse tras una roca. Kenichi se recogió lleno de espanto. Él partió, dejando que la cabeza del muchacho hiciera todo el trabajo por eliminar esta visión de su memoria; pero no pudo.

Libro de cuentos Holanda /1ª. Edición/Managua 2006

El pájaro de fuego

Rodrigo Peñalba Franco

El pájaro de fuego se alimenta como Saturno: de sus crías. Es extraño. El viento mezcla las cenizas en el aire, y deja las plumas caer al suelo. Las plumas derramadas indican que las crías han partido del nido, consumidas. En el suelo éstas se mezclan con las hojas secas, acomodándose al viento y la gravedad para escoger el mejor lugar en que posarse. Las plumas pierden el color al ser separadas del cuerpo, tornándose negras, secas, cauces vacíos, fondo de piedras, terreno muerto.

El pájaro de fuego habita solitario, reuniéndose en ocasión única para la procreación de la especie. La especie no continúa en los huevos del nido, sino en la vida que conserven sus padres. Hembra y Macho se turnan en la conservación de la nueva generación, con sumo cuidado y atención a otros depredadores. Los polluelos nacen como llamarada que se genera espontáneamente. Rompen el cascarón dejando salir la luz que su naturaleza genera, alumbrando las copas de los árboles en que posan. Puntos luminosos esparcidos por el bosque, fauna de costumbres nocturna realizando constelaciones. Los padres toman a las aves y les cuidan, alimentan con ramitas secas y material de rápida combustión. Crecen y tornan fuertes sus alas, primero blancas, luego todos los tonos de azul. Con el desarrollo surgen las plumas naranjas, que es cuando las crías podrán partir, combustión y alimento paternal. No escapan, son inocentes, no tienen intención.

Fuego consumido por el fuego rejuvenece su fuerza. Fuego procrea fuego para alimentar su caudal y conservación, el ardor de la materia descomponiéndose al contacto con el oxígeno. La historia no es el relevo de los primeros por los últimos, sino del nacimiento de los últimos como mechas y antorchas de los primeros que, en su momento, serán de nuevo los últimos para dar lumbre a los primeros. El nacimiento de nuevas crías significa la llama de los viejos, los padres, los antecesores, renovada en su misma naturaleza. Padre que engendra al hijo para consumirlo y ser joven de nuevo. La historia que llamamos Historia no se escribe con la sombra de los padres cediendo ante las sombra de los hijos, sino de las cenizas abandonadas en el suelo del bosque, mezcladas con las hojas secas y cortezas desprendidas, los cauces carentes de función y el terreno seco llamado civilización. Son las cenizas la materia prima del producto llamado cultura, sublimación de los sentidos en símbolos, translaciones de los sentidos del trazo a la convención llamada sociedad.

El pájaro de fuego devora a sus crías. Y de nuevo es cría, esperando ser alimento del padre, que será cría, para ser alimento del anterior padre. Cada gestación es un retorno, negación del futuro, recreación del pasado. De las cenizas el pájaro de fuego cuenta su historia, pero le preocupan demasiado las cenizas, demasiado. En el suelo, la gente del bosque lee las constelaciones y escriben la Historia basados en las plumas grises. El terreno es oscuro, el sol es un rayo de luz que salta por el horizonte y se esconde. Siempre lejos, jamás llega ni se acerca. El pájaro de fuego amanece. Es cría de nuevo.

La gente del bosque busca las cenizas entre las hojas y los toma por frutos extraños, papel escrito en lengua que no comprenden pero interpretan, dogmas sentados en la repetición de los mismos. Las pruebas no son necesarias, la interpretación es. En las copas de los árboles los pájaros de fuego retoñan. Desde el suelo son puntos luminosos confundidos entre ramas y hojas, arrimados en combinaciones geométricas y figuras estelares. No hay estrellas, sino ilusiones, cartas astrales tomadas por ciencia, la formación de los clanes, la prohibición del incesto y el nacimiento de la familia. No es ley divina, es antropología, el dogma es costumbre, no certeza.

La fauna nocturna vuela a ciegas u observa agazapada en matorrales con grandes ojos brillantes, espejos de plata, luciérnagas confundidas por miradas. La gente les teme y esconde a sus niños. En ocasiones se comen a los niños, y los huesos son usados en altares. Las luciérnagas que esconden las miradas no hacen caso de los sacrificios, ni las cenizas traen respuestas. La gente siente miedo, y los árboles son tabú, no pueden subir por ellos, acercarse a las copas. No conocen nada sobre el cielo, del mundo sobre de sus cabezas, escondido entre las ramas. La historia es escrita como los prólogos, al final de la historia pero se publica al principio de los libros, en las cenizas, y no debe ser interrumpida. Si el fuego migrara no habría constelaciones, ni dogmas, el abandono llamado existencia sin cartas que lo ayuden a ser navegable, apenas tolerable.

En el bosque siempre es de noche y la gente duerme, vive, en chozas. La fauna persiste, la carne es devorada, el cielo busca la carroña, el grande se come al chico, las luciérnagas intimidan y en las cenizas se encuentra lo que avanza borrándose a sí mismo, lo que promete adelantar y retrocede.

Libro de cuentos Holanda /1ª. Edición/Managua 2006

miércoles, 2 de marzo de 2022

Los viejos de la Montaña en Nueva Segovia

Salvador Guillermo Muñoz.

Cuentos, Mitos y Leyendas de Nicaragua

Cuentan que hace muchos años, en la montaña de Nueva Segovia, vivieron muy felices una pareja de esposos, el señor se llamaba Antonio y la señora se llamaba Juana, de apellidos Gurdián, ellos siempre estaban acompañados de los animales del bosque, en su rancho pernoctaban los mapaches, los monos, algunos coyotes y lobos, ciertos venados, en el techo dormían las aves de rapiña y de corral juntas sin dañarse, los loros, los pericos o chocoyos, dos garrobos, seis garzas, varias ardillas, todos vivían en paz con la naturaleza.

Cerca del rancho habían manantiales de agua fresca y cristalina, también pasaba raudo un riachuelo, que crecía de tamaño en los meses de invierno, habían árboles frutales, pinos, conacastes, cedros, caobas, varias ceibas majestuosas, árboles de fuego, flores de todos colores y fragancias: Rosas, claveles, nardos, jazmines, sacuanjoches, banderas, lirios, azucenas, gardenias, azahares, magnolias, crisantemos, siemprevivas, de tal forma que siempre estaba perfumado el ambiente, con aroma de perfumes naturales, era un olor agradable que al llegar a ese lugar no se querían regresar, lo mas asombroso era que a la hora de despertarse y de acostarse, todos los animales hacían una algarabía, cada uno cantando su propia melodía, que en su conjunto se escuchaba como una sinfonía de sonidos perfectos, interpretada por los pájaros, las aves y los animales del bosque, en perfecta armonía de sonidos y tonos musicales.

Esta pareja eran muy sabios, conocían de todo, lo habían logrado escuchando y aprendiendo de los animales, de las plantas, de los vegetales y minerales, todo el reino de la naturaleza les había ensenado a escuchar y de esa manera poder aprender de los sonidos del bosque y de la montana, ellos no tenían instrucción escolar, sin embargo sabían leer y escribir y lo habían hecho de una manera auto didacta, eran sabios sin saberlo, con esa sabiduría natural, que no esta en pugna por ganar premios ni reconocimientos, solo por el hecho de tener sabiduría y compartirla con quien la necesite, mediante los consejos a las personas que llegaban a consultarles sobre sus problemas.

Toda las personas que habitaban en los pueblos cercanos, visitaban a los dos viejos de la montaña, para consultarles sobre los problemas personales, en busca de sabios consejos, que recibían de la pareja de ancianos, a ellos le solicitaban consejos relacionados con las cosechas, con la familia, con las fiestas patronales, con las celebraciones de bodas, bautizos, confirmaciones, celebraciones de quince años, graduaciones de hijos, también sucesos transcendentales en épocas tristes como el deceso de un pariente, amigo o vecino, también les consultaban sobre diferencias de los limites de las tierras, demarcaciones, disputas de todo tipo, herencias familiares, en esos casos sus aves de rapiña, tales como: gavilanes, halcones, águilas; entre las aves de corral: gallinas, palomas, gallos, entre otras aves.

Su palabra era ley, lo que decían eso hacían, era su deber moral cumplir con los consejos que habían recibido, casi nunca se equivocaban en sus consejos, por eso reza el dicho: el que oye consejos llega a viejo! Un día llego un joven de nombre Anastasio, era muy soberbio y quiso poner aprueba la sabiduría del viejo Antonio, tratando de demostrar que el era mas sabio, por eso lo reto a una prueba en presencia de todos los habitantes del pueblo, le dijo que si era sabio que aceptaría lo que este le propondría, acto seguido le dijo: puede usted demostrar que es sabio?

Yo quiero hacerle unas preguntas en medio de la gente, para hacerlo quedar en ridículo. Antonio le dijo al joven Anastasio, que no estaba dispuesto a probar nada, que el no se consideraba sabio, que dejara de molestar, sin embargo el joven le volvió a decir, acaso tiene miedo de quedar en ridículo, demostrando que no es sabio ante los demás, el viejo le contesto de nuevo, que no tenia tiempo para esas cosas, pero su esposa le dijo, acepta lo que te propone, de lo contrario no te lo quitaras de encima, fue así que el viejo acepto el reto del joven y acordaron que llamarían a todo el pueblo de esa zona, para que observaran la prueba que el joven tenia preparada, a fin de demostrar que el viejo no era sabio, acordaron que esto lo realizarían el fin de semana próximo, en el atrio de la iglesia del pueblo, exactamente el día sábado a las 3 de la tarde, teniendo que bajar de la montaña, para llegar a la plaza y al atrio de la iglesia..

El joven se dedico a invitar a todos, asegurándose así que nadie faltara al momento que el joven haría la prueba al viejo, para demostrar que no era sabio, pasó el tiempo y llegó el día en que todo el pueblo estaba reunido en el atrio dela iglesia, entonces el joven antes de la reunión planeo y medito, la forma en que demostraría la ignorancia del viejo, diciendo para sus adentros: voy a coger un pájaro y lo voy a esconder detrás de mi sin que me lo vea el viejo, luego le voy a preguntar el pájaro que tengo detrás de mi ¿esta vivo o si esta muerto?, el no va a saber que decir, por que si dice que esta vivo, acto seguido le voy a torcer el pescuezo y se lo voy a enseñar, en el caso que me diga que esta muerto, lo voy a soltar y este saldrá volando, con lo que demostrare que no es sabio.

Llegó el momento de la reunión, todos estaban pendientes del resultado de la confrontación del joven hacia el querido viejo Antonio, este se notaba muy seguro de si mismo, viendo a los demás con seriedad y respeto, todos le saludaban muy afectuosos, le llegaban a abrazar y a darle confianza en que al final el saldría victorioso, que tenían confianza en su buen juicio y en su sabiduría.

Acto seguido se inició el debate y el joven saludo a todos y les explicó el motivo de la reunión, agradeciendo la presencia de la multitud, comenzó diciendo al viejo: Tengo un pájaro en mis manos, las tengo escondidas detrás de mi espalda, quiero saber si el pájaro esta vivo o esta muerto ¿Que dice usted Antonio? El viejo de la montaña, lo quedo viendo y le dijo después de quedarse pensativo por unos instantes: el destino del pájaro esta en tus manos, de ti depende que viva o que muera, acto seguido hubo un silencio profundo, nadie dijo nada, al final se oyó la voz entrecortada del joven, quien se disculpó del viejo, diciéndole que no hay sabio mas grande en el mundo, que el viejo de la montaña, enfatizando que de Dios y de nosotros depende nuestro destino, luego todos aplaudieron felicitando al joven y al viejo, acto seguido regresaron felices a sus hogares..

La foca que se encontró en el Golfo de Fonseca

Salvador Guillermo Muñoz

Tomado del Libro Mitos y Leyendas de El Salvador y Nicaragua. Tomo II.

Hace muchos años en los años 70’s, existía una ruta naviera en el Golfo de Fonseca, que servía al comercio internacional que en esa época existía entre El Salvador y Nicaragua, esta ruta era atendida por dos navíos conocidos como los Ferry(s), que funcionaban transportando carga, pasajeros y vehículos, estas embarcaciones y sus instalaciones portuarias en Nicaragua, eran administradas por la empresa PROMARBLU, propiedad de la familia Somoza de Nicaragua.

Este tipo de transporte era muy seguro y económico, recorría la ruta una vez al día, utilizando los dos navíos que zarpaban al mismo tiempo desde los dos destinos portuarios, mientras uno salía del Puerto de Cutuco, en el departamento de la Unión, en El Salvador, el otro salía del Puerto de Potosí, en el departamento de Chinandega, en Nicaragua, el viaje tardaba entre 6 a 8 horas, dependiendo de las condiciones atmosféricas, de las mareas y de la velocidad del Ferry.

En uno de los viajes del Ferry, los pasajeros observaron muy curiosos y pensativos, a una foca que seguía de cerca a la embarcación, que salió del Puerto de Potosí, esta foca navegaba con unos delfines que la acompañaban en su recorrido, se notaba que era juguetona y alegre, saltaba a la par de los delfines y hacían piruetas en el aire, levantando estelas de espuma blanca en su graciosa caída.

Al final del largo viaje por el golfo, la foca llego sana y salva al Puerto de Cutuco, donde se quedo encantada en las islas ubicadas en la ruta naviera, a esta le gustaba acompañar a los pescadores, quienes la conocieron y se encariñaron con ella, les indicaba donde había bancos de peces, para que tiraran las redes, tal como hacen las mangostas y las nutrias de agua en otros países, también se ha visto pelícanos que señalan a los pescadores donde están los cardúmenes y reciben en premio algunos pescados, producto de la pesca del momento.

La foca fue bautizada con el nombre de “Amiguita”, todas las personas que la conocían le llamaban por su nombre, ella llegaba y aplaudía con sus aletas, se notaba que era muy contenta, le gustaba el calor humano y acompañaba a los pescadores cuando buceaban en busca de ostras o langostas, a quienes avisaba de algún peligro en las cercanías donde estaban pescando, también era muy amiga de los niños, quienes se bañaban con ella en las aguas tranquilas de las playas cercanas, tanto en las islas como en playas negras.

Pasaron varios años, un día notaron la ausencia de la foca, todos la buscaron y la encontraron muerta los pescadores en una cueva cerca del puerto, dieron aviso a la marina del puerto de la Unión, quienes la recogieron y la enviaron por tierra al museo “David J. Guzmán”, para que la disecaran, ahora la foca “Amiguita” es inmortal y se encuentra en exhibición permanente en honor a una foca amigable que llevo alegría y vitalidad al puerto de la Unión.

El enano cabezón

Salvador Guillermo Muñoz

Tomado de “Cuentos, Mitos y Leyendas de Nicaragua”

Este personaje forma parte del equipo que acompaña a la altiva y bellísima gigantona, el revive al indio, al mestizo subvalorado y sometido frente a la creada e impuesta superioridad del colonizador. La relación del enano y la gigantona es un reflejo de la naciente y mas encarnizada lucha entre las distintas clases sociales, mediante las coplas el enanito pone en evidencia su sufrir ante el gran amor que esta bella y hermosa mujer ha despertado en él y que ella no es capaz de corresponder. 

Por otro lado, el coplero manifiesta a través de sus intervenciones que el mismo recita su mala suerte, mas bien su frustración ante el rechazo que recibe de esa blanca radiante y mujer ideal, de esa diosa inalcanzable. Orgullosamente el enano representa a un indio pequeño de tamaño y por lo grande de su cabeza, representa la inteligencia del hombre nicaragüense, como muchos que han hecho historia en el mundo: Rubén Darío, José de la Cruz Mena, Alfonso Cortés, entre otros. 

Este personaje es muy colorido, se viste de un traje que lleva una percha en los hombros, haciendo verse muy cuadrado en las hombreras, de las mangas del traje cuelgan los brazos, su cabeza es muy desproporcionada en relación al cuerpo, por eso da risa al verlo bailar al son de la música, mueve su cuerpo desbalanceado por la gran cabeza danzando a la par de la gigantona su compañera de siempre, generalmente el enano es representado por un chavalo, quien tiene una estatura pequeña, para poder bailar con comodidad y menear su cabeza que no tiene coordinación con el saco que lleva puesto, mientras la cabeza danza a la izquierda el saco se mueve al lado contrario, eso provoca carcajadas en los asistentes, quienes le aplauden por su gracia al bailar. 

Este personaje del folklore nicaragüense, es muy querido por los chavalos, quienes lo esperan en las festividades, a veces encabeza la comitiva, haciendo honor a su característica particular de ser un cabezón, sus movimientos al andar son muy peculiares, se mueve de un lado para otro y tiene que sostenerse la cabeza con las manos, para evitar que se le caiga, en ocasiones camina a la par del payasito del tamaño de un niño de nueve años, este es un personaje que viste de una forma estrafalaria, con vestido adornado de círculos de varios colores, una nariz de color rojo, sus zapatos son desmedidos, cinco tallas mas grandes que de su número de calzado, alza los brazos cuando baila. 

Folklore de Nicaragua

 Salvador Guillermo Muñoz

Tomado de “Cuentos, Mitos y Leyendas de Nicaragua”

El Folklore es el saber del pueblo, ofrece con la música y las coreografías un rico abrevadero. Se han recogido melodías y sones, la letra de los cantores y las tonadas, el estilo de los cantores, se han captado muy bien los pasos y movimientos de las danzas y copiados a perfección los diseños de los trajes típicos de cada región. 

El folklore surge con entusiasmo, las danzas folklóricas que por su plasticidad o fuerza expresiva son las manifestaciones que mas interesan y gustan e impresionan al común de la gente. Son celebraciones religiosas tradicionales, también tenemos otros aspectos como son: supersticiones, leyendas, arte culinario, dichos y refranes, mitos y cuentos, entre otros. Masaya es la capital del folklore Nicaragüense, Diriamba, Granada, Nindirí, León, Managua y Boaco, son también muy ricos en representaciones culturales. Las otras localidades carecen de expresiones folklóricas propias y reciben el aporte artístico de las zonas o fuentes que las reproducen. 

En la ciudad de Masaya en la actualidad, desarrollan eventos artísticos durante “La Verbena” que se celebran las noches de los días jueves de cada semana, en el actual mercado de artesanías de la ciudad de Masaya, donde antes era la ubicación del cuartel, allí les invitan a participar a músicos, artistas poetas, para que amenicen estas veladas, asisten numerosas personas a degustar la rica comida nicaragüense y a escuchar y presenciar las presentaciones de los artistas, podemos mencionar entre estos a: el Ballet Folklórico de Nicaragua, Carlos y Luís Enrique Mejía Godoy acompañados del grupo “Los de Palacaguina” ( creadores de la Misa Campesina y otros grandes éxitos musicales, como Quincho Barrilete, canción ganadora del Festival de OTI, la Tula Cuecho, Son Tus Perjumenes Mujer, Clodomiro el Najo, La Mora Limpia, el Cristo de Palacaguina, Flor de Pino, Piolin, entre otras).

Otro artista famoso nicaragüense es: Otto de la Rocha, cantautor de canciones famosas y creador de personajes muy queridos por el pueblo nicaragüense: personajes de Aniceto Prieto, que cuenta chistes subidos de tono, el otro personaje de nombre: Pancho Madrigal, cuyos cuentos fueron escuchados por la radio por varias generaciones de nicaragüenses; algunas de sus canciones que le hicieron famosos son: Plutarco Malpaisillo, La Pipirindonga, Managua Linda Managua, La Petrona, Una Tarde de Primavera, Pañuelito, Ay Mi Mujercita, El pichelito de agua, La Pelo E Maíz entre otras; También en esas veladas, despliegan sus virtudes muchos músicos y declamadores, poetas, bailarines, quienes siguen los pasos de estos personajes ejemplares que hemos mencionado anteriormente.

La Gigantona

Salvador Guillermo Muñoz

Tomado de “Cuentos, Mitos y Leyendas de Nicaragua”

El indio esculpió la gigantona, queriendo de esta manera representar a la mujer española, de una manera burlesca, satírica, que a pesar de su belleza, de su estatura y sobre todo de su color blanco, ellos, los indios la hacen bailar al son de los tambores y la detienen cuando el coplero declama. Por este motivo el indio se siente superior a la española ya que la hacen bailar al son que le toquen, el indio se representó en el enano cabezón, pequeño de estatura pero grande de cerebro. 

Diciembre es el mes de las purísimas y en las ciudades que aun conservan el vestigio de la colonia, los atardeceres encendidos con su horizonte surcado de celajes plomizos y violetas, anuncian la salida de la gigantona, quien fiel a su cita aparece la legendaria dama, adornada siempre de sus joyas doradas, al son hueco de los tambores y bajo la luz pálida de las estrellas forradas en papeles multicolores, baila la gigantona, con sus vestidos de colores vivos, con una diadema de colores resplandecientes. 

Esta legendaria mujer de mas de tres metros de alto, luce sus vestidos coloridos de seda, tiene una armazón de madera por dentro en donde esta una persona que la lleva cargando en hombros y la pasea por la ciudad, generalmente tocan un tambor para anunciar que viene el cortejo, compuesto por el enano cabezón, el tamborilero, el coplero y el payasito, todos estos personajes acompañan a la gigantona, en su recorrido por las ciudades, solicitan apoyo económico a los transeúntes, quienes se paran al verla bailar al son del tambor, al final de cada baile el coplero dice una copla y luego continua la velada, generalmente cobran diez córdobas por copla con su baile, si alguien quiere contratarla le dice al responsable que desea cinco o diez coplas y así hace el arreglo con el cliente, pagando cincuenta o cien córdobas por la velada ( Cs 50.00 Cs 100.00), luego sigue su camino por los barrios y colonias en cada ciudad, siendo las mas vistosas en Chinandega, Managua y León, aunque sale en otras ciudades del occidente, centro, norte y sur del país. 

Cada copla y su baile dura alrededor de tres minutos, luego continúan con la velada, de acuerdo con los contratos que reciben, así pasan las horas y se trasladan a lugares donde se celebran fiestas, la temporada del mes de diciembre es la mas notoria, en vista que se celebra la Purísima el día 7 de diciembre de cada año, en estas fechas antes y después de la celebración de la Concepción de María, es que la gigantona hace sus apariciones, siendo bien recibida en todos los lugares con su comitiva. 

La Gritería de penitencia

Salvador Guillermo Muñoz

Tomado de “Cuentos, Mitos y Leyendas de Nicaragua”

El día 14 de agosto se celebra la gritería en víspera de la fiesta de la Asunción de la santísima virgen María, la estableció el Obispo de León Dr. Isidro Augusto Oviedo en ocasión de la quinta erupción del cerro Negro, desatada el día 14 de julio de 1947, el cerro negro en esa ocasión recobrada día a día mas fuerzas, la arena era persistente, el volcán lanzaba lava, piedras incandescentes, fuego y rugidos atemorizantes, la gente huía del lugar, se cubría con paraguas, anteojos, turbantes etc., se pensó que la misma catedral iba a sufrir en ella una catástrofe si no le botaban la arena que ya acumulaba en el techo. 

Se organizaron procesiones de rogativas con la imagen de la virgen implorando la intersección delante del bendito hijo, es desde entonces que se celebra la gritería chiquita en la ciudad de León. Este día es muy esperado por el pueblo leonés, se hacen los preparativos similares a los de la celebración de la Purísima, se adornan los altares, se escuchan los cánticos a la virgen, se preparan los obsequios, algunos lugares de familias reconocidas, desde muy tempranas horas, la gente hace grandes colas ( hasta 2,000 personas esperando su turno), para poder recibir sus obsequios de los niños y los adultos, también se quema pólvora en las horas definidas en la propia festividad, con la diferencia que esta es una celebración de la ciudad de león, no se celebra igual en otras partes de Nicaragua. 

La catedral de León, prepara su festividad, celebra misas en honor a la virgen y enfrente de la iglesia catedral en el atrio de la iglesia, hacen una plataforma para la presentación de grupos artísticos, que llegan a celebrar esta ocasión especial, en la plazoleta de la iglesia, instalan un gran letrero lleno de pólvora que al quemarse dice frases alusivas a la celebración, utilizando luces de varios colores, crean la sensación de la quema de un gigantesco altar a la virgen de concepción. 

También esta celebración es acompañada por toritos encohetados (llenos de cohetes), que son armazones de vara de bambú, donde agregan cohetes, morteros y luces de colores, sale el torito a perseguir a los feligreses, mientras va reventando la pólvora en el armazón, esto es conducido por una persona de la comunidad, incluso hay varias gigantonas danzando con los enanos cabezones, los payasitos y los copleros, todos danzando al son del tamborilero, luego los copleros dicen sus coplas en alusión a las chavalas o a cualquier personaje conocido. Es una gran celebración ¡Que viva la virgen Maria!!

Amar hasta fracasar

Hay escritos curiosos que se han hecho con el lenguaje. Versos que se pueden leer al revés y al derecho, guardando siempre el mismo sentido,...