Al final la puerta de hierro se abrió bruscamente dejando entrar sólo al viento pasivo de la noche. El fue el único testigo visual de los destrozos que la matanza sangrienta producida por esa fuerza oscura desconocida hasta entonces había causado en los adentros de la puerta de hierro. El viento nocturno recogió los extractos de almas que todavía se encontraban esparcidos en el corredor. Luego salió de ese lugar y llevó sus nuevas adquisiciones a lugares invadidos por la multitud humana bulliciosa. Allí las esparció entre el resto de los habitantes del planeta, con seguridad de que una vez dentro de ellos la falsa esperanza se encargaría de guiarlos por el mismo camino que a los anteriores.
Cuentos de escritores nicaragüenses. Leyendas populares de Nicaragua.
miércoles, 2 de marzo de 2022
La puerta de hierro
La hora del Eclesiastés
Róger Mendieta Alfaro
Así lo consideraba el dictador. Y este hombre era él.
Platinum
Róger Fischer S.
Las niñas Urbinas
Róger Fischer S.
Cuento de la vida realEn la esquina cercana estaba Yeyo y su botica. El jabón de moda era el Island Palma, muchos años después desalojado del mercado por el famoso Camay. Yeyo, recién casado mataba el hastío del no trabajo, inventando medicinas, despachando cuchillas guilletes y escondiendo prudentemente las cajas de preservativos, artículo prohibido y de inmoral factura.
La casa de las “niñas Urbina” estaba bien situada. Angela, Otilia y Margarita bordaban telas y milagros, mientras nosotros los pequeños huéspedes, estudiábamos y hacíamos travesuras.
La noche del cometa Halley
Pedro Xavier Solís
Leyenda de un gigante
¡No pesquen tortugas!
Pablo Sanabria Láinez
(Cuento infantil de la Costa Caribe de Nicaragua)— “¿Por qué estás matando a todas las tortugas? ¡Debo matarte!”
El pescador dijo:
— “Por favor no me mates, tortuga, haré todo lo que me digas”.
— “Vete a casa” —dijo la tortuga— “y no regreses”.
El hombre se fue a su casa y ese es el fin de la historia.
Michín
El vuelo del pajarito de dulce
En la casa de los Sequeira se cuentan historias desde hace más de cien años…
Su cocina, olorosa a miel de caña y leña seca, ha visto preparar desde siempre los dulces de melcocha.
Mientras la abuela Vilma amasa y el abuelo da forma a las figuritas de dulce, la pequeña Esmeralda imagina los lugares donde los mayores llegan a vender pájaros, armadillos, muñecas, canastas, flores y zapatos de dulce.
Un día, escuchando de su abuela sobre la alegría de las ferias, Esmeralda dijo entusiasmada: “¡Cómo me gustaría acompañarlos mañana al pueblo a vender figuritas de dulce!”
“Primero tendrías que demostrarme que sabes prepararlas muy bien”, contestó la abuela Vilma.
“Ah, y por supuesto colorearlas como lo hemos hecho siempre”, añadió el abuelo Alejandro.
Cuando todos fueron a dormir, la pequeña Esmeralda se quedó coloreando un pajarito de dulce que había moldeado con sus manos:
“Si resulta tan lindo como mis abuelos esperan, tal vez mañana me lleven a la feria.”
Y delineó sus ojos de dulce con el hisopo más fino hasta que le parecieron perfectos.
Esmeralda escuchó una música que venía del patio. “Es extraño, no es el gallo, aunque ya casi amanece”, dijo la niña entre sueños.
Al salir vio con sorpresa al pajarito de dulce entre las flores del jardín, y antes que pudiera decir algo éste le habló:
“No tengas miedo Esmeralda, vine a mostrarte los colores con los que podrías pintarme.”
“¿Cómo podrías hacerlo?”, contestó Esmeralda. “¡Si apenas tienes color en los ojos!”
“Sube a mi espalda”, la invitó el pajarito de dulce, “y te mostraré cuántos colores he visto.”
“Jamás he visto colores tan bellos”, exclamó Esmeralda, mientras volaban sobre las flores del campo.
“Siempre hay más colores que ver, si tienes paciencia”, dijo orgulloso el pájaro de dulce.
“Siempre hay más colores que ver, si tienes paciencia”, repitió el pájaro de dulce.
Antes que Esmeralda pudiera decir palabra, al pasar por los árboles llenos de animales coloridos, el pájaro se adelantó a decir:
Zambullidos en el fondo marino, la niña se sorprendió ante los tonos del coral, estrellas, medusas y caracolas. El pájaro de dulce solo alcanzó a decir: “Blub – blub – club.”
Cuando aparecieron en el paisaje de la feria los vistosos trajes de los bailantes con toda la gracia de su movimiento, los caballos del carrusel, globos y algodones de azúcar, Esmeralda quedó muda de asombro. “¿Es posible que existan más colores?”, pensó la niña. El pájaro de dulce sonrió.
“¿Es posible que existan más colores?”, preguntó Esmeralda al pájaro de dulce en su viaje de regreso.
Celda No. 402
El pintor
Tribu de los "prestanalgas"
Omar D´ León
Amar hasta fracasar
Hay escritos curiosos que se han hecho con el lenguaje. Versos que se pueden leer al revés y al derecho, guardando siempre el mismo sentido,...
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I El Duende de la Piedra de Cuapa (Fuente: Recogido por Gladys Miranda). En el valle de Cuapa hay una gran piedra que dicen que cayó del cie...
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